martes, 31 de julio de 2012

Y resurgir...

Así, sin más, paseamos esas calles con olor a sal, llenas de vida, de sentimientos, de risas infantiles y turistas asombrados.  Tan asombrados como nosotros, por estar allí, solos, libres dentro de ese pequeño intervalo de espacio tiempo. La rutina volverá, pero no queremos escuchar a ese tiempo que se escurre entre los dedos, simplemente queremos disfrutar de esa ciudad, de ese precipicio que se aventura al mar, de ese murmullo de la gente que pasa, de ese... je ne sais quoi...

Será una ciudad como otra cualquiera, pero para mi desprende la magia de lo desconocido, y me entran ganas de hacerle caso y de seguirle, perderme por esas calles de edificios antiguos de colores pastel, de tumbarme en la toalla mientras las gotas recorren mi espalda desde mi pelo mojado, de reír y no parar, de reír y llorar al mismo tiempo, pero de felicidad.
me entran ganas de ser feliz, y me doy cuenta de que lo que más quería ya lo he conseguido...

Así, sin más